Soy profesora


Soy profesora. Tardé mucho en descubrir mi vocación y reconducir mi carrera para dedicar mi vida a aquello que me hace feliz.

Ahora cada mañana me levanto con ilusión porque voy a dar clase, aunque El Sistema y muchas de las personas que rodean mi tarea, traten de ahogar la vocación, ilusión y todo lo positivo que intento poner en la vida de mis alumnos.

Parece mentira, pero en el año en el que vivimos, la mayoría de las personas que rodean el proceso de enseñanza-aprendizaje de los jóvenes (políticos, profesores, padres, madres, orientadores…) y que se llenan la boca diciendo que ‘estos jóvenes no son emprendedores, no saben hacer nada por sí mismos, viven en casa de los padres hasta los 40, son miedosos, carecen de ilusión, no saben trabajar en equipo’… Todos estos, son los mismos que quieren que los chicos estén 6 horas sentados, callados, separados y escuchando a un profesor. Que estudien cosas inútiles o a las que no le ven utilidad, sin rechistar. Vomiten las lecciones eternas que estudian y además no las olviden. Son los de “la letra con sangre entra” y son más de los que nos podemos imaginar.

Así que suelo resultar incómoda y, cada equis tiempo y como el que tiene una piedra en el zapato, alguien me sacude y me hace plantearme, si merece la pena seguir luchando o si no es mejor abandonar, pasarse al bando de “lo que todos quieren” y así no tener más problemas. Quizás sea el instinto de supervivencia. Pero luego entro en cualquiera de mis clases y veo las caras de mis chicos (de 14 a 18 años) y a pesar del puntapié recibido, sale el sol y me vuelvo a convencer de que la letra, con amor, entra mejor; que lo que se aprende jugando y riendo no se olvida; que aprender pocas cosas disfrutando es mejor que muchas sufriendo; que no “sé” más que ellos, y que “sólo” estoy aquí para que ellos descubran su camino; que la información está al alcance de todos, sólo necesitamos herramientas; que no hay emprendedor que haya seguido el camino fácil. Que no me levanto cada mañana por aquellos que me ponen la zancadilla, sino por todos los adolescentes cargados de hormonas que se sienten perdidos y buscan su lugar en el mundo, igual que yo.

Y por eso, sin empresa y sin ser autónoma, me considero EMPRENDEDORA cada mañana. Y si fuera fácil, no sería tan interesante.

Gracias a mis chicos y chicas por quererme y a los muchos que andan por el mundo tratando de cambiar las cosas y construir a lo ancho (piedra junto a piedra) y no a lo alto (piedra sobre piedra).


Comentarios